viernes, 17 de octubre de 2008

Si no me quedan tus besos, me quedan tus caricias, si no quedan caricias, quedan miradas, si tampoco quedan miradas quedan abrazos, si no queda nada, me quedas tú y cada uno de nuestros recuerdos, se queda aquí tu alma abrazada a la mía.


Y da igual que tú no estés presente, aquí queda guardado tu olor, queda guardada tu presencia, quedan marcados tus besos en mi piel, una oleada de caricias acarician mi cuerpo con tus manos.


Si no te quedas aquí inventaré tus besos, inventaré tu forma de querer, esperaré hasta que un día vuelvas, dedicaré mi tiempo a pensar en ti, solamente en ti, para poder decirte tan solo unas cuantas palabras cuando aparezcas por esa puerta.

Quizás sea un te quiero o quizás un menos mal, tal vez puede que no te diga nada, que tan solo te mire, no sé lo que haré, a eso dedico mi tiempo, a imaginar como será...

Y es que también prefiero que nos dejemos llevar por este amor.

jueves, 16 de octubre de 2008

¿Sabes de lo que me he dado cuenta?

El amor no es lo que queremos sentir, lo que queremos soñar; el amor es lo que sentimos al soñar, lo que nos sale sin querer.

Quizás es más imprescindible de lo que nosotros creemos, quizás pensamos que es lo más importante y quizás nos estamos equivocando.

Cuando uno ama, lo demás no existe; nada ni nadie es capaz de sustituir lo que estás sintiendo: porque lo que realmente importa es el vacío que sientes cuando lo recuerdas:
Ese aroma que desprende cuando estás con él, ese abrazo que te durará toda la vida...





Te duermes sin saber lo que está haciendo en ese preciso instante, ni siquiera sabes si se acuerda de ti antes de quedarse dormido; y tú lo recuerdas desde que te dio ese beso al despedirse.

¿Es injusto?

No, porque el amor de un hombre no es ni la mitad de profundo y doloroso que el de una mujer.
En mi existe el miedo, ese miedo que te come al no saber que siente, o si en realidad te miente.

¿Por qué nos pasa esto?

Quizás sea por el pánico de volver a hundirte otra vez, y que de esta no puedas salir.
Ahora que eres feliz quieres que todo sea perfecto, "la culpa es mía" dices; y con esto pretendes seguir sin mirar atrás.
Es estúpido creer que puedes culparte de los errores que cometen los demás, pero lo realmente estúpido es pedir perdón por ello.

El amor te vuelve idiota, pero al mismo tiempo te hace una idiota feliz.

martes, 14 de octubre de 2008

Doscientos días, veintitrés minutos y un segundo atrás me enamoré de ti.

Mi corazón dejó de hibernar al verte.
Unos días después me decepcionaste, mi corazón borracho lloró solo una noche de julio, me pediste perdón y todo se arregló.

Mi corazón volvió a confiar en ti, a tener una cierta esperanza de que esta vez si iba la vencida, sin importar si era la tercera o no.

En algún momento, no sabría decirte en cual intenté vestirte de príncipe azul y la cosa no fue bien, nunca te quedó bien un disfraz tan cutre.

Cien días después me dijiste adiós, a tu peculiar manera, luego volviste a por mí esperando encontrarme donde me habías dejado y te deparaste con que yo también sé moverme por mí misma y no te había esperado.

A mí tampoco me han quedado bien los disfraces de princesas que duermen cien años o cosas así, soy más bien una cenicienta moderna...

jueves, 9 de octubre de 2008

Lo único que recuerdo de él son unos calcetines blancos. Difícil de pensar.

Rompe el hielo y bébete el agua. Miénteme y luego dime la verdad.
Demasiado predecible...

Sal a la calle cuando llueve y empápate hasta que se te derrita la ropa.
Acuéstate tarde y levántate pronto. O no te levantes, que a mi me da igual.

Haz memoria y recuerda donde le viste la última vez y que ojos llevaba. Dime que no le han cambiado otra vez.

Dame un argumento válido y déjame sin respuestas.

No tengo perro. Podrías sacarme a mí. Te prometo que no me iré antes del postre esta vez.

Esta noche habrá un final, más que un principio.
Olvídate de todo lo que nunca ha ocurrido.
Nada de preguntas retóricas, Solo champaña.

Mírame a escondidas, trata de disimular.
Sorpréndeme. Dibuja un corazón y píntalo de verde, ya no quiero corazones rojos.

Dime quien era ese chico y donde puedo conseguir uno igual

sábado, 4 de octubre de 2008

Se que no soy lo que buscas.

No tengo el pelo rubio y no me gusta el Martini con hielo. No soy alta, en realidad ni siquiera llego al metro setenta, aunque con tacones altos lo sobrepaso.

Siempre pierdo al billar, pero soy un as jugando al póker. Es cierto que a veces miento, pero mis mentiras son tan creíbles que ni te darás cuenta. Lloro demasiado, pero soy tan divertida en ocasiones que te dolerá cada centímetro del cuerpo de tanto reírte.




No me río muy a menudo la verdad, pero tengo una risa tan vital que cuando la oigas estarás siempre al acecho para oírla otra vez. No se dibujar y nunca me han enseñado a sonreír, tuve que aprender sola, el hoyito que me sale en el lado derecho es la marca de fábrica.

Soy incapaz de estarme quieta, hablo demasiado y me enfado muy deprisa, aunque se me pasa muy rápido, también. Escribo frases en los márgenes de los periódicos y nunca me acuerdo de llamar al día siguiente.

Lo que puedo prometerte es que no te aburrirás conmigo, te volveré loco y querrás salir corriendo de lo pesada que me pongo a veces, pero no podrás porque soy como una droga y tendrás adicción.

No soy ella y tampoco lo seré; me da igual si soy el segundo plato, cuando me conozcas sé que acabaré siendo el primero. Soy impredecible, vivirás sin saber lo que te espera conmigo y seré yo quien marque las pautas. Puede que me quede contigo cien años o puede que te deje mañana y me vaya a que me receten otro novio, eso no lo sabes.




También te darás cuenta, con el tiempo, de que soy algo caprichosa y un poco coqueta también, para qué negarlo.

Te querré locamente y me equivocaré al decirlo para que lo entiendas al revés, soy muy vergonzosa. Canto en la ducha y escribiré tu nombre en la arena todos los veranos. No te prometo que nos vaya bien, pero pondré toda mi alma en que lo nuestro funcione.

viernes, 3 de octubre de 2008

Me gustaría ser capaz de hacerte sentir el dolor que yo estoy sintiendo, no para que sufras y te sientas mal, sino para que veas cómo es, hasta qué punto duele.

Ser capaz de hacerte ver que me desilusiona que cometas una y otra vez el mismo error, el que prometiste subsanar tantas veces.

Hacerte sentir que duele más una promesa rota que una bofetada, una mentira que otra bofetada, una decepción que otra bofetada más.




Te quiero, te quiero mucho y me gustaría que ahora, mientras lloro, me abraces y me digas que no va a haber más errores. Y me gustaría creérmelo, e ilusionarme y volver a sentirme viva y llena, y con ganas de hacer mil cosas juntos, con ganas de sonreír como una idiota sólo porque estoy contigo y soy feliz.

Y cuando cojo el teléfono para decirte que estoy realmente dolida y que no quiero verte, ni que me llames, se me rompe algo dentro porque sé que esta vez es de verdad.




Que esta noche no voy a llamarte como cada noche, que va a ser la primera vez en muchísimo tiempo que no es tu voz lo último que oigo al irme para la cama.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Llevaba esperándole más de media vida.

Cada día pensaba en lo que le iba a decir o en lo que iba a hacer para que se enamorara de ella. Pensaba cada frase, cada palabra, y cada letra. Recorría las calles buscando el lugar idóneo, donde poder recordar el día en que comenzó realmente la historia, su historia.


Sin apenas darse cuenta, ya había pasado demasiado tiempo, y las cosas se habían ido complicando cada vez más. Por unos u otros motivos, estaban más distanciados que nunca, y apunto de alejarse para siempre.

Las ganas de buscar lugares, palabras, sueños, e ilusiones… se habían esfumado. El mundo que giraba a su alrededor se había encargado de romper todas sus esperanzas.
Sin ganas de ver a nadie salio a la calle, en busca de calma y serenidad.

En busca de algo que no la hiciese sentirse mal. Algo difícil de encontrar. Se paso horas y horas vagando por las calles oscuras. Por lugares lúgubres, llenos de sombras que avanzaban rápidamente a su lado. Cuando ya no resistió más paro en seco.





No se dio cuenta ni en que lugar estaba situada, ni si había gente a su alrededor. Se sentó en un banco y se quedo mirando al frente. La noche era fría, oscura, y triste.

No había apenas gente, ni coches, ni ruidos. Lo que mas se oía era su respiración, y cada vez se oía más y más bajo. Se quedo como de piedra. No tenía ninguna gana de seguir viviendo. Ni de seguir soñando.

Cuando parecía no responder a ningún movimiento. Alguien se acerco por detrás, la tapo, y la llevo hacia el lugar soñado, para decirle las palabras precisas, y darle los besos que había estado acumulando.