sábado, 1 de noviembre de 2008

Es curioso cómo siempre consigue arrancarme una sonrisa.

No puedo evitarlo, se me dibuja en la cara sola. Y mejor todavía, me ilumina el corazón.

Hay sonrisas falsas, que sólo manipulan el rostro pero no consiguen engañar a nadie, la sonrisa de verdad no se ve en los labios.

Se ve en los ojos, que brillan de repente.

Es extraño; por muy mal que vayan las cosas, por mucho empeño que ponga yo en estar enfadada o triste, siempre aparece esa sonrisa.

Siempre aparece esa persona que consigue arrancármela. Que consigue robármela.

Y hacía mucho que no sonreía de esta manera.

Hacía mucho que los motivos para estar seria eran mucho más fuertes, hacía mucho que nadie conseguía derribar mi protección.

Y ahora ya no estoy segura de si ha vuelto la sonrisa o me la han robado.

La cuestión es que me gusta sentir esa luz en mis ojos.
Me gusta sentir el corazón brincando en el pecho.
Me gusta sentir el aleteo de mi alma.
Y me gusta sentir que vuelve a haber un siempre.

Aunque para mí el siempre no sea más que un continuo por ahora.
Pero hay que ver cómo me gusta este por ahora.

Cómo me gusta mi sonrisa...
Y la tuya

viernes, 31 de octubre de 2008

De las cosas que más echo de menos una es escuchar los latidos de tu corazón.

Te soñé mil noches y lo haría otras mil.

Creo que nadie siente lo que yo siento por ti ahora, es inexplicable...
Tardé en darme cuenta de lo que sentía, estaba escondido en mi interior...
Y salió a la luz y me hizo un daño increíble.

Podría definirte con miles de adjetivos...

Sé que tuve suerte de tenerte por un instante que lo haría inolvidable y volvería atrás si pudiera.

Cambiaría el daño que nos hicimos, los enfados por sonrisas...
Si supieras lo mal que he llegado a pasarlo pensando en todo lo que vivimos...
Y que te dejé marchar como si nada...

Aunque no te tenga me gusta pensar en ti.
Quizá se me haga difícil expresar todo lo que llevo dentro, si tuviera la oportunidad te lo diría con la mirada...

Los motivos para quererte ni me faltan ni me sobran.

Cuando pienso en ti, en tu nombre, tu voz, tu manera de ser... Soy otra.
Daría todo por tenerte, aunque ya lo sepas te lo repito una vez más

jueves, 30 de octubre de 2008

Especial.

Es la palabra con que me gusta describirlo.
La palabra que por lo general, utilizo cuando algo me resulta indefinible, indescifrable, fuera de lo normal o de lo que estoy normalmente acostumbrada.

Lo cierto es que "especial" no quiere decir absolutamente nada, y si es hora de sincerarnos y admitir de una vez por todas lo que me pasa, quiere decir que eres todo.

"Especial" radica en la necesidad de ponerle un nombre a lo desconocido y en el hecho de que me cuesta entender todas y cada una de tus actitudes.

"Especial" significa, en mi mundo, mi lenguaje, mi idioma: no me quiere, me ama, está loco, es lo más cuerdo que existe, me persigue, se aleja, me extraña, me venera, me odia, se burla de mí, soy lo único que tiene, tiene todo y tiene tantas.
Y está tan vacío y solo, que no tiene nada...

Y él, que es tan "especial", tiene la más maravillosa habilidad de hacerme SER.

Soy, por sus maniobras soy, existo.

Me siento humana, porque él me hace serlo. Guapa, cuando me mira, la más guapa de todas. Triste, cuando mira también. Cuando mira a cuanta mujer se le cruce y frente a mis narices.

Inteligente, cuando intento descifrarlo.
Cerebral, decodificando cada gesto, cada movimiento, estando alerta a los nuevos cambios en su personalidad, cambios frecuentes y desesperantes.

Y salgo del trance cerebral para sentir.

Me hace sentir, y ésta sí que es la mayor influencia que genera sobre mi persona. Y me vuelvo estúpida, manipulada, muy lejos de ser por momentos esa persona inteligente que creía ser, ni nada que se le parezca.

Y mi centro, mi vida, mi objetivo, mi razón, mis pilares... todo declina, todo se va, se esfuma.

¿Qué pasa? No pasa nada.
Respuesta no acertada. Sí pasa. Pasa que tan persona, tan ser humano que me hiciste, que soy propensa a equivocarme, y me equivoqué.

Siempre así, cometo errores, muchísimos, repetidos y frustrantes.

Pero tú... tú sigues siendo, indiscutiblemente, un ser ESPECIAL.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Puede que sea vergonzosa, y un poco tímida.

Puede que sea bajita, y algo alocada.

Puede que me guste escuchar esa estúpida canción que me ata a ti.

Puede que sea un poco romanticona, y siempre llore al ver alguna de esas pelis que siempre acaban bien.

Puede que sea de risa floja, y que me de por reír al verte sonreír.
Y puede, solo puede, que sea feliz cuando estás conmigo.

Cuando estás sin estar, cuando no te das cuenta de que te miro, o cuando no me quiero dar cuenta de que me miras sin querer verme.

Puede que me guste que me hables a susurros y así tener alguna escusa para acercarme más a ti.

Puede que tiemble cada vez que te veo girar la esquina, y que me derrita cada vez que te me acercas.

Y ¿sabes que?

Puede, pero solo puede... que me este enamorando de ti...

martes, 28 de octubre de 2008

Nunca te paras a pensar en todo lo que has vivido a esa edad, hasta que llega el día de dejarla atrás.

Piensas en todas las alegrías, tristezas, sorpresas... Que te han dado los 21 años y te apena que se esfumen.

pensar que eres un año más madura o que eso es lo que esperan de ti, que madures de una vez por todas.

A escasas horas de cumplir los 22 años, me paro a pensar en la madurez...

Supongo que siempre he sido de esa clase de gente que no piensa en crecer, que sueña todavía con que Peter Pan entre por la ventana para ir a Nunca Jamás y recuperar la infancia perdida y volver a jugar...

Pero si, he madurado.
Hace años que deje de creer en los reyes magos, en las hadas, en Peter Pan y en los cuentos de príncipes y princesas con finales felices...

Hace años que tiré las canicas a la basura y que guardé los albums de cromos en el fondo del cajón.

Hace años que cambie mi nenuco por maquillaje, ropa y zapatos...

A pesar de todo, me aferraré con ganas a los dos patitos, esperando que sean tan buenos como lo han sido los 21 y recordando con cariño esa infancia que no volverá...

lunes, 27 de octubre de 2008

Esa soy yo...

perdida y sin saber por dónde empezar.
Caminando poco a poco con miedo a tropezar, esperando una voz que me diga cómo y hacia donde ir, esperando una voz que vuelva a hacerme soñar...

Esperando una noche en la que beba hasta olvidar o quizá, no espere nada de esto y espere cualquier detalle insignificante que me haga reír hasta que me duela la barriga o hasta que no pueda más.

Ese es mi gran problema(o no tan grande) que no sé que esperar y ni siquiera sé si ya espero.

Eso de ir pasito a pasito, nunca ha ido conmigo, nunca me he llevado bien con tu paciencia ni con tus ganas de no forzar las cosas.

Nunca ha sido propio de mí adelantarme a los hechos.
Supongo que me cansan mucho las cosas y lo peor es que me casan muy rápido.

Que sepas que también soy bastante indecisa en cuanto a estos temas.

No te puedo jurar que lo que siento durará eternamente, como tampoco puedo poner una fecha de caducidad a mis sentimientos.

Sigues esperándome al volver, deseando encontrar mi mirada. Aunque no te diga nada.

Y es que con tantos chascos y baldes de agua fría a una se le acaba la paciencia y no se pone tan ñoña a la hora de ver una puesta de sol.

Es que cuesta encontrar a alguien que hable mi mismo idioma, que no me de la razón por todo, sino que me haga razonar cuando crea que me equivoque.
¡Ah! sí y que me haga reír, eso es muy importante.

Pero si tengo que esperar a que algo salga mal para que pienses en mí, y me cuentes como ha ido todo… Mal, mal van las cosas cuando me haces esperar.

Sabes bien que no estoy para tonterías y mucho menos tengo toda la vida.
Sabes muy bien que no soy una Barbie, sin embargo, tú tampoco eres ningún Ken...
Eso sí, no me mires que sabes que me puedes…

sábado, 25 de octubre de 2008

Mientras tú lloras el mundo te sonríe.

Echas de menos la sonrisa de todas las mañanas, la sonrisa que te hacía tan especial.

Añoras los momentos de felicidad, el soplo de aire fresco de cada mañana mientras bajabas las escaleras de dos en dos silbando la melodía de la canción que escuchaste la noche pasada mientras pensabas en él.

Añoras esa sensación de llegar al límite o al extremo de la felicidad igual que esos momentos frente a frente sobre sus ojos, un baile de miradas , o un festín de besos.

¿cuantas veces te habrán preguntado por que (o por quién) sonríes?
Tú te has callado y con una mirada perdida o un simple suspiro has dicho todo.

Te lo guardas para ti, te guardas lo que te gusta para ti, que solo sepan que esa sonrisa es solo tuya y de nadie más.

Pero sabes de sobra que ellos saben que sonríes por él, por un simple segundo a su lado, solo por eso.
Por la sonrisa que se dibuja en tu cara cuando cualquier cosa te recuerda a él o por un momento frente sus labios.

No te engañes, sabes (y saben) de sobra que sonríes por él, que es el motivo por el que te levantas todas las mañanas...